Santa Rosa de Lima: signo de sacrificio y entrega a Dios
MISCELANEA | Raquel Tineo | agosto 29, 2011 a las 9:36
La primera santa de América sin lugar a duda es Santa Rosa, llamado originalmente Isabel Flores de Oliva que es conocida en todo el mundo por sus prodigios y grandiosos milagros.
Todos los 30 de agosto se rinde homenaje a la patrona del Perú, América y Filipinas, y además patrona de la policía peruana. Isabel Flores de Oliva nació el 30 de abril de 1586, fue hija del puertorriqueño Don Gaspar Flores y la peruana Doña María de Oliva.
Santa Rosa de Quives
Vivió su infancia y niñez en la sierra de Lima, en el pueblito llamado Quives del valle Chillón. Debido a que su padre consiguió un empleo como administrador de un obraje donde se refinaba mineral de plata. Allí el obispo Toribio de Mogrovejo, la llamó “Rosa”, en honor a su belleza, cuando recibía el sacramento de la Confirmación. Desde entonces todos la llamaban Rosa.
Rosa vivía en un ambiente patronal injusto lo que pudo ser un factor detonante para su camino a la santidad. Y es que la visión cotidiana de los sufrimientos que padecían los trabajadores indios hizo que Rosa se preocupara por remediar las enfermedades y ayudar a los pobres.
Se interna en el convento
Rosa recibió el hábito de la Tercera Orden de Santo Domingo el 10 de agosto de 1606 en el convento adonde acudía diariamente a hacer sus oraciones. A partir de entonces, se recluyó en una cabaña que había construido en el huerto de su casa.
Santa Catalina de Siena era su modelo por seguir. Se dedicó a atacar el amor propio mediante la humildad, la obediencia y la abnegación. Por lo que llevaba sobre la cabeza una una especie de corona de espinas. Y es que su amor por Dios era tanto que cuando hablaba de Él, su tono de su voz y su rostro se cambiaban, embargaba su alma.
Amor, caridad, humildad, sacrificio
Pasaba el mayor tiempo posible en la casa con sus hermanos menores, ocupada en los quehaceres domésticos o en la oración. Su día transcurría entre la oración, el trabajo y unas pocas horas de descanso. Además Rosa conservaba muchas virtudes, como la obediencia, que practicó desde muy niña hasta los últimos momentos de su vida. Hasta amorosamente pidió la bendición y perdón a sus padres y confesores.
La humildad fue otro de los valores que se veían en ella, en una época de exageraciones piadosas, la caridad, pues atendía a toda clase de necesitados, especialmente a enfermos y mendigos.
Sus últimos días
Santa Rosa vivió hasta los 31 años y los últimos tres meses de su vida fue hospedada en la casa de la familia del contador Gonzalo de la Maza. Ahí, en la actualidad está el Monasterio de Santa Rosa. Entonces, un 24 de agosto de 1617, a los 31 años de edad falleció. Cincuenta años más tarde, el Papa Clemente X la canonizó en 1671.
Muchos años después, una comisión de médicos y sacerdotes examinó a Rosa y diagnosticaron que sus experiencias eran sobrenaturales. Debido a que el modo de vida y las prácticas ascéticas de Santa Rosa de Lima pertenecen únicamente a almas llamadas a una vocación de santidad.
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